Opinión
Política exterior y relaciones con Brasil: el costo de la diplomacia
A ver si nos entendemos de una vez por todas. Está más que claro que las formas de Javier de manejarse en el plano internacional a veces dejan bastante que desear y complican innecesariamente la agenda republicana que necesitamos para volver al mundo civilizado. No podés andar a los gritos revoleando acusaciones ideológicas contra socios comerciales estratégicos como si estuvieras en un streaming de medianoche, porque las instituciones y los intereses de la Nación están por encima de las calenturas personales.
Ahora bien, tampoco nos hagamos los tontos ni le demos letra al kirchnerismo y a toda esa runfla de zurdos empobrecedores que ahora se rasgan las vestiduras hablando de diplomacia, cuando durante añse usaron la cancillería como una unidad básica para bancar dictaduras amigos y robar con la pauta. Una cosa es ser prolijo, republicano y cuidar las formas institucionales como corresponde, y otra muy distinta es agachar la cabeza ante populistas autoritarios que destruyeron sus economías.
El verdadero liberalismo y el republicanismo serio se hacen con equilibrio, firmeza institucional y apertura comercial inteligente, no chocando con todo el vecindario por Twitter para congraciarse con la tribuna digital. ¿Hasta cuándo vamos a seguir priorizando el relato tribunero por sobre los intereses concretos de los argentinos que laburan?