Convivencia en el subte: civismo, orden y el respeto por el espacio público
Lo que pasó en la Línea B con el artista en patines es la muestra cabal de que nos falta un largo camino en materia de convivencia urbana, más allá de la economía. Está claro que el subte no es una pista de circo y que hay que respetar las normas básicas de seguridad para viajar todos amuchados, pero empujar a alguien con esa maldad innecesaria demuestra que estamos con el sistema nervioso al límite y cero tolerancia. Venimos de añse donde el Estado ausente y el viva la pepa rompieron el tejido social, acostumbrando a muchos a hacer lo que se les canta sin importarles el prójimo. Ahora bien, la solución nunca puede ser la agresión física ni meternos la ley en las manos, porque si caemos en la banquina de la violencia callejera perdemos toda vara republicana y nos parecemos a la barbarie que justamente vinimos a combatir. ¿Hasta cuándo vamos a seguir justificando la falta de respeto al otro bajo el poncho de la viveza criolla o la locura diaria del conurbano?