Rock nacional y cultura popular: la identidad argentina frente al vaciamiento
Me levanto a las cinco y media de la mañana todos los días para salir a laburar, y lo único que te salva el alma en el bondi es el rock nacional. Que metamos 153 canciones en el ranking iberoamericano con León Gieco a la cabeza no es casualidad: es la historia viva del pueblo argentino, del laburante que se banca las malas y de la resistencia popular que mamamos con Perón, Evita, Néstor y Cristina. Nuestra cultura es bandera y orgullo, no una mercancía para liquidar al mejor postor. Pero claro, ¿qué van a entender de esta mística estos cipayos libertarios criados a chocolatada y Twitter? Estos nenes de departamento, que bancan a un gobierno de insensibles que le roba los remedios a los jubilados para regalarle la guita a la timba financiera y al FMI, odian la cultura popular porque les recuerda que este país tiene memoria. Para esta manga de vendepatrias, la música y el arte son un 'gasto', porque no entienden lo que siente un obrero cuando escucha un tema que le habla de su vida y de su lucha. El rock de nuestra patria siempre estuvo del lado del pueblo y en contra de los cipayos de turno. Nos quieren tristes, desunidos y sin identidad para privatizar todo y rematar la soberanía nacional, pero a la memoria colectiva no la van a borrar con un decreto de ajuste salvaje. ¿Hasta cuándo van a seguir militando el odio a lo propio mientras estos parásitos entregan el país?