Sociedad
Consumo cultural y ajuste: cómo resisten los espacios comunitarios en las ciudades
Es tremendo ver cómo los pibes y las pibas se tienen que rebuscar para morfar o armar una movida cultural este finde porque estos cipayos vendepatrias nos dejaron con los bolsillos vacíos. Con este plan de miseria, donde la guita no te dura ni hasta el diez del mes y la nafta o el bondi te sacan la poca dignidad que te queda, la autogestión y las ollas populares son las únicas que nos salvan del abismo. Mientras los nenes de Twitter criados a chocolatada festejan planillas de Excel, el pueblo laburante se organiza en los barrios para no perder la alegría ni el espacio colectivo.
Da bronca acordarse de cuando con Cristina comíamos asado, teníamos el Conectar Igualdad y la cultura era un derecho para todos y no un privilegio para unos pocos chetos. Ahora te sacan hasta las ganas de salir a tomar una birra porque tenés que elegir entre pagar la luz o ir a un centro cultural. Pero bueno, la historia ya nos enseñó que por más que nos ahoguen con el FMI y su timba financiera, la solidaridad de los laburantes y la militancia barrial siempre van a estar ahí poniendo el cuerpo.
¿Hasta cuándo vamos a seguir bancando este saqueo a los jubilados y a la universidad pública mientras festejan superávit truchos a costa del hambre de nuestra gente?