Política
Carancho como mascota urbana: el debate por la fauna silvestre en la ciudad
Mirá vos hasta dónde llega el colectivismo que hasta los animales aprendieron a manguear del Estado y de los vecinos solidarios con plata ajena. Le dan de comer al carancho en el balcón como si fuera un plan social con plumas, en vez de dejar que la naturaleza actúe con su propia ley de oferta y demanda y salga a cazar sus propias palomas. Después nos quejamos de que tenemos un país lleno de parásitos acostumbrados a recibir todo de arriba sin poner un peso de laburo.
Por más que cueste aceptarlo, esta simpatía por el bicho mantenido demuestra la decadencia cultural que nos dejaron décadas de populismo. Al final, hasta la fauna local aprendió el noble arte de vivir de arriba gracias a la bondad berreta de la gilada. ¿Cuándo le van a poner la motosierra a esta joda de andar alimentando parásitos alados en plena ciudad?