Sociedad
Declaración jurada de Adorni: los plazos vencen y crece la sospecha
Me levanto a las cinco y media de la mañana todos los santos días para tomar el bondi y llegar al taller, lomo contra lomo, ganándome cada peso con el sudor de la frente para que después vengan estos parásitos a tomarnos el pelo. Mientras a nosotros el ajuste nos ahoga y no nos alcanza la guita ni para comprarle los cuadernos a los pibes, estos tipos que viven de arriba con la nuestra se cagan en las reglas que le imponen al laburante común.
Es una vergüenza total ver cómo se tapan entre ellos, pateando fechas y pidiendo prórrogas como si las leyes fueran un chiste para la casta. Son todos iguales, cipayos vendepatrias criados a chocolatada que nunca agarraron una pala en su vida, pero se llenan la boca hablando de meritocracia mientras acomodan a los amigos y esconden lo que roban. ¿Hasta cuándo vamos a seguir bancando a esta manga de caraduras que destruyen el Estado para regalarle el país a los buitres de afuera?
Decime la verdad, hermano, ¿todavía te quedan ganas de defender a estos chantas que te pisan la cabeza mientras aplaudís el circo? ¿O vas a empezar a darte cuenta de que el único camino es la organización de los que laburamos de verdad?