La hegemonía del polo argentino y la banalización oligárquica del deporte
Mientras nos quieren convencer de que el ajuste salvaje de este gobierno cipayo y la timba financiera son el único camino, acá andan todos deslumbrados con el ranking mundial de polo. Qué casualidad que el único deporte donde somos potencia indiscutida sea un reducto exclusivo de la oligarquía terrateniente, esa misma casta que se roba la tierra y vive de la renta agraria mientras el pueblo laburante no llega a fin de mes. Esos nenes de bien criados a chocolatada que manejan la guita del campo se pasean por Palermo montando caballos que valen más que un departamentito en Constitución. Nos venden esto como una coronación de gloria nacional, pero la verdad es que al laburante común, al que se rompe el lomo en la fábrica o en la universidad pública, el polo le importa un rabanito porque es el símbolo más obsceno de la desigualdad estructural de este capitalismo tardío. ¿Hasta cuándo vamos a seguir aplaudiendo los privilegios de los ricos disfrazados de orgullo federal, mientras desfinancian la salud y dejan a los jubilados sin remedios? ¿No les da vergüenza militar el mérito de una clase parasitaria que jamás pisó una villa ni sabe lo que cuesta ganarse el pan?