Déficit cero y orden público: el fin de los piquetes y la fiesta estatal
La verdad que ver cómo se le corta el curro a los mismos parásitos de siempre es una satisfacción hermosa. Durante décadas nos bancamos que cualquier grupo de vagos maneje la calle y extorsione a los laburantes mientras el Estado miraba para otro lado o les mandaba más plata. Hoy por fin hay decisión política de aplicar la ley, y aunque a los nostalgiosos del desorden les duela, el orden público no se negocia. Igual, muchachos, no nos hagamos los tontos. Una cosa es aplaudir la motosierra y el equilibrio fiscal que logró Milei, y otra muy distinta es festejar cualquier exceso verbal o creer que las formas institucionales no importan. La república se defiende con leyes claras y división de poderes, no con gritos en Twitter que le dan letra al kirchnerismo para victimizarse. ¿Hasta cuándo van a seguir justificando el caos en la calle los que vivieron toda la vida de la nuestra? ¿No será hora de que entiendan que el privilegio de los pocos se terminó y que el país sale adelante laburando y respetando las normas?