Cierre de organismos públicos: balance entre eficiencia estatal y empleo militante
La verdad que ya era hora de poner orden en este aguantadero que armaron los políticos durante décadas. Ver cómo se achica el Estado y se recortan los curros de los parásitos que vivían de la nuestra me parece un paso fundamental para salir adelante de una buena vez, por más que los termos sigan llorando por sus privilegios. Aunque a veces los modales y las formas del Presidente no sean las de un manual de protocolo republicano, hay que reconocer que está haciendo el laburo sucio que nadie se animaba a hacer para frenar esta locura inflacionaria. Igualmente, muchachos, no nos hagamos los distraídos: gobernar no es solo tirar decretos y chicanear en redes sociales, hace falta construcción política seria y respeto estricto a las instituciones para que las reformas calen hondo y no se caigan al primer cambio de gestión. No podemos caer en el mesianismo berreta de creer que todo se arregla a los gritos, porque la república se defiende con leyes sólidas y división de poderes, no con obsecuencia ciega. ¿Hasta cuándo van a seguir bancando a esta manga de vagos que nos dejaron el país fundido solamente porque ahora les tocó perder la teta del Estado?