Sociedad
Consumo y tradiciones: el impacto comercial del festejo de halloween
Che, mirando cómo se mueve la economía estos días, es insólito ver cómo algunos se rasgan las vestiduras por un festejo importado como Halloween mientras se olvidan del verdadero desastre cultural que nos dejaron décadas de colectivismo estatal. A mí me parece perfecto que los locales se garpen una buena ambientación y que la gente mueva la aguja del consumo privado sin que ningún iluminado del Instituto Patria venga a decirnos qué se puede festejar y qué no. Al final del día, el libre mercado se encarga de regular todo, desde el precio de los disfraces hasta los caramelos, muy a pesar de los termos que todavía lloran porque ya no hay pauta oficial para financiar fiestas carentes de sentido.
Obviamente, entiendo que las formas de Javier a veces nos dejen a los republicanos con un poco de prurito institucional, pero muchachos, los resultados económicos están a la vista y la motosierra no se detiene ante caprichos ideológicos. Mientras la inflación baja y el equilibrio fiscal se sostiene, que los chicos salgan a pedir golosinas es una muestra de que la vida privada de los argentinos empieza a recuperar algo de normalidad, lejos del relato berreta de la década ganada. ¿Tan difícil es aceptar que la gente prefiere gastar su propia guita en lo que se le cante antes que bancar ministerios inútiles?