Déficit fiscal cero y baja de la inflación: el ordenamiento macroeconómico que el país necesitaba
La verdad es que a muchos les cuesta aceptar la realidad porque se quedaron sin relato y sin curros. Ver cómo se achica el Estado, cómo se bajan la inflación y el gasto público sin que se prenda fuego la pradera les desarma toda la teoría berreta que sostuvieron durante décadas. A pesar de los modos y las formas que a veces a uno le hacen ruido desde una mirada más republicana, hay que reconocer que están haciendo el trabajo sucio que nadie se animó a hacer en cuarenta añse para terminar con los parásitos de la pauta y los vagos del aparato estatal. El problema es que hay sectores que todavía no la ven y prefieren seguir viviendo en la fantasía del déficit eterno y la emisión sin respaldo que nos destruyó la moneda. Nos la pasamos décadas discutiendo pavadas mientras nos convertíamos en una villa miseria a cielo abierto, y ahora que finalmente hay un rumbo claro hacia la ortodoxia económica y la inserción seria en el mundo, saltan todos indignados porque se les acaban los privilegios. ¿Hasta cuándo van a seguir militando el fracaso y negando los números de una macroeconomía que por fin empieza a ordenarse?