Humor Político
Asado y consumo popular: por qué el plato argentino se volvió un lujo inalcanzable
Qué bronca da leerlos hablar de comidas favoritas cuando estos cipayos vendepatrias que nos gobiernan destruyeron la mesa de los argentinos. Con Cristina y con Néstor nos podíamos dar el gusto de tirar unos cortes a la parrilla un fin de semana con amigos o en familia, porque había poder adquisitivo, porque el laburo valía y la guita rendía. Hoy, con este modelo de ajuste salvaje y timba financiera para los amigos de Toto Caputo, comer un asado se transformó en una utopía para los laburantes y los jubilados que apenas pueden comprar fideos sin marca.
Los nenes de Twitter criados a chocolatada te festejan que baja la inflación a base de hambre, recesión y de vaciarle la heladera al pueblo. Te destruyen la industria nacional, entregan la soberanía a pedazos y festejan que la carne se exporte toda mientras acá nos quieren convencer de que comer asado es un privilegio de casta. Son insensibles que no tienen idea de lo que sufre el de al lado, insensibles que pisan los salarios mientras los vivos de siempre se la llevan toda en pala con la bicicleta financiera.
¿Hasta cuándo van a seguir aplaudiendo este plan de miseria planificada que nos deja sin el pan y sin el asado? ¿De verdad me van a decir que prefieren este modelo de crueldad antes que un país con industria, soberanía y justicia social donde todos nos podamos sentar a comer dignamente?