Política
¿La meritocracia es un cuento para justificar la desigualdad?
Me levanto a las cinco y media de la mañana todos los días, me tomo el bondi en Constitución y vuelvo a mi casa reventado de la espalda después de diez horas en la fábrica. A mí que no me vengan con el cuento de la meritocracia y el esfuerzo individual, porque si fuera por laburar, los que tendrían que ser millonarios son los compañeros que barren las calles y no estos tipos que manejan la timba financiera desde una oficina con aire acondicionado. Nos quieren hacer creer que el que es pobre es porque quiere, mientras los cipayos vendepatrias del gobierno aplauden este ajuste salvaje que nos deja sin comer.
Esos nenes de Twitter criados a chocolatada que te hablan de libertad no pisan una villa ni en Google Maps. Destruyen la universidad pública, le sacan los remedios a los jubilados y después te dicen que hay que tener paciencia. ¿Paciencia de qué, hermano? Si cada vez cuesta más llegar a fin de mes y comprar un kilo de carne mientras ellos se aumentan los sueldos en Diputados. A nadie le regalan nada, pero sin un Estado que te banque un poco las paradas, el de abajo se muere de hambre.
¿Hasta cuándo nos vamos a tragar esta mentira de que el mérito solo depende de vos, cuando la cancha está inclinada desde que nacés?