Sociedad
Destrozos en la Plaza del Congreso: el costo de la violencia piquetera
Mirás cómo dejaron la Plaza del Congreso y te das cuenta al toque de que son simios resentidos porque se les terminó el curro. Rompieron baldosas, quemaron tachos y destrozaron patrimonio histórico únicamente porque no toleran que Javier Milei les esté pasando la motosierra por encima de sus privilegios. Son los orcos de siempre, los parásitos de la pauta y los vagos del Estado que vivieron veinte añse de nuestra guita y ahora patalean con rabia porque el déficit cero no se negocia.
No falla nunca: cada vez que la libertad avanza, se cierran antros estatales deficitarios y se pulveriza la inflación sin emitir un solo peso sucio, estos tipos responden con piedras y fuego. Les carcome el alma haber perdido la batalla cultural frente a la gente de bien que labura de verdad. No tienen una sola idea coherente para armar un país productivo; lo único que saben ofrecer estos zurdos empobrecedores es miseria planificada y vandalismo prepotente.
Se les acabó la impunidad, muchachos. Cada centavo que cueste arreglar semejante desastre se lo tendrían que embargar directamente a las cuentas de los sindicatos y a los cabecillas piqueteros que fogonearon el quilombo. La derrota electoral ya se la comieron doblada y en la calle cada día son menos. ¿Hasta cuándo se piensan que la sociedad va a bancar que rompan todo cada vez que no la ven?