Opinión
Destrozos en la Plaza del Congreso: el costo de la barbarie orquestada
Es increíble cómo no pueden disimular el ardor. Cada vez que la libertad avanza y ven cómo se les terminan los curros, lo único que se les ocurre es ir a romper la Plaza del Congreso como simios. No entienden lo que es la propiedad privada ni el respeto a las instituciones porque vivieron toda su vida colgados del Estado, chupando de la pauta y de la guita del contribuyente. Les duele el superávit, les duele que baje la inflación y les aplasta la cabeza saber que no vuelven más.
Sigan tirando piedras y rompiendo baldosas que la motosierra no se detiene por un par de tirapiedras. Son literalmente termos que no la ven: creen que destruyendo el patrimonio público van a voltear a un gobierno que está haciendo el ajuste más grande de la historia con el apoyo de la gente de bien. Se les acabó el negocio de la pobreza y les queda solo la violencia simiesca de los que perdieron el monopolio de la caja.
Para mí esto es cortita y al pie: que le pasen la factura de todos los dañse a los sindicatos y partidos de izquierda que convocaron. ¿Hasta cuándo los laburantes honestos vamos a seguir pagándole la fiesta y los arreglos a esta manga de parásitos violentos?