Línea B de subte: el colapso del orden público y la intolerancia estatal
Lo que pasó en la Línea B es la radiografía perfecta de lo que nos dejaron los añse de kirchnerismo: resentimiento puro, gente rota que no soporta ver al prójimo ganarse la vida laburando honestamente mientras ellos vivían de la pauta y los planes. Un zurdo envidioso le quiso cagar el número al pibe de los patines porque claro, la cultura del esfuerzo y el mérito ajeno les arde en el alma a estos colectivistas vagos que prefieren ver a todo el mundo pobre antes que ver a alguien progresar sin pedirle permiso al Estado. Por suerte la motosierra vino a despertar a una sociedad que estaba anestesiada por décadas de asistencia estatal y pobrismo militante. Todavía quedan algunos mandriles sueltos que no la ven y andan por la calle escupiendo su odio porque el déficit cero y la baja de la inflación les destruyó el relato empobrecedor. Ya se les acabó la fiesta de vivir a costillas del contribuyente, ahora hay que laburar y respetar al que produce. ¿Hasta cuándo van a seguir justificando a esta runfla de resentidos que rompen todo lo que ven nomás porque les duele el culo ver que a este país le rinde el ajuste y sale adelante?