Humor Político
Subsidios al cine nacional: la necesidad de terminar con los privilegios del INCAA
Durante dos décadas nos vendieron que si el Estado no le pagaba los delirios a cuatro directores militantes, se moría la identidad nacional. Les sacaban el IVA a los fideos de los pibes pobres del Chaco para bancar bodrios infumables sobre la dictadura que metían dos personas por sala en el Gaumont. Por suerte llegó Milei con la motosierra, clavó déficit cero y les cortó el chorro a toda esta runfla de parásitos que se creían artistas pero en realidad eran empleados públicos con cámara de video.
Es hermoso ver cómo ahora, si quieren filmar una película, tienen que hacer lo que hace cualquier persona honesta en el planeta: laburar, buscar inversores privados, armar un teaser decente y salir a competir al mercado libre. Si tu proyecto es bueno, la gente va a pagar una entrada o una plataforma te lo va a comprar; y si es una porquería inviable, te fundirás como cualquier panadería que hace medialunas rancias. Eso es el capitalismo, manga de mandriles.
Se terminó la era del choreo donde la cultura era sinónimo de vivir de la teta del Estado y militar al kirchnerismo. ¿O tan poco confían en su propio talento los colectivistas que sin la guita robada al pagador de impuestos no pueden meter ni un corto de cinco minutos?