Sociedad
Dólar y ancla cambiaria: la estabilidad como fin de la especulación
Mirá, la baja del dólar y la consolidación del ancla cambiaria son la prueba de que, cuando se pone orden fiscal y se deja de emitir platita trucha para bancar la fiesta populista, la economía empieza a responder. No hay magia, hay seriedad, déficit cero y una motosierra que le paró el carro a los parásitos de siempre que vivían de la nuestra. Por más que los termos kirchneristas sigan agitando el fantasma de la hiperinflación desde sus escritorios con ñoquis, la realidad es que el mercado lee previsibilidad institucional y el peso empieza a valer algo.
Obviamente, a los defensores del modelo estatista y empobrecedor les duele en el alma ver que se puede bajar la inflación sin cepos ridículos ni controles soviéticos de precios que solo sirven para armar aguantaderos de amigos. Acá se trata de respetar las reglas básicas de la economía de mercado y dejar de joder al laburante que se levanta todos los días a remarla. Después se llenan la boca hablando de los más humildes mientras los dejaban comiendo arroz.
Igual, muchachos, no nos hagamos los distraídos: bancar la parada institucional exige madurez y no caer en desbordes tribuneros que manchan el esfuerzo republicano. Una cosa es barrer a la casta y otra muy distinta es patalear como panelista de televisión en lugar de gobernar con temple democrático. ¿Ves que se podía ordenar el desastre que nos dejaron sin fundir el país en el intento? ¿O todavía me van a decir que prefieren la cotización paralela por las nubes?