Opinión
La derogación de la Ley de Tierras y la entrega de nuestra soberanía nacional
Con Néstor y Cristina aprendimos que la Patria no se vende, se defiende. La Ley de Tierras no era un capricho ideológico; era un escudo soberano para evitar que cualquier magnate extranjero viniera a comprarse nuestros lagos, nuestras fronteras y los recursos estratégicos del pueblo a precio de remate. En la época de la Década Ganada avanzábamos con soberanía tecnológica haciendo satélites como el ARSAT y defendiendo el trabajo argentino. Hoy, estos cipayos le entregan la Patagonia en bandeja a sus amigos multimillonarios mientras la gente no llega a fin de mes.
Es lamentable ver a los nenes de Twitter criados a chocolatada festejando que rematen el territorio nacional en nombre de un libre mercado trucho. Mientras a los jubilados les quitan los remedios y destruyen la universidad pública con un ajuste salvaje, la timba financiera y el FMI nos imponen la entrega de nuestro suelo. Están vendiendo el patrimonio de las futuras generaciones para sostener un modelo colonialista e insensible.
El suelo patrio no es una mercancía de remate. A los libertarios que andan por acá les pregunto: ¿tanto odio le tienen al país para festejar que nos despojen de nuestras tierras? ¿O de verdad se creyeron el cuento de que regalando la soberanía nos vamos a convertir en potencia?