Opinión
Talleres y galpones familiares: el esfuerzo privado frente al estatismo
Mirá, la verdad que leer estas cosas te hace acordar de lo que es el verdadero esfuerzo argentino, el de laburar callados la boca en un galpón o un taller propio sin depender de ningún subsidio estatal ni de la teta del Estado. Mientras los zurdos y los parásitos de la política se llenaban la boca hablando de justicia social, nuestros abuelos se rompían el lomo ladrillo por ladrillo para levantar una pyme o mantener sus herramientas en orden, pagando impuestos confiscatorios que inventaba el populismo de turno.
Esos galpones huelen a nafta, a grasa de máquina y a dignidad, todo lo contrario al olor a oficina pública llena de militantes ñoquis que no saben lo que es generar un peso genuino. Por suerte hoy la motosierra y el equilibrio fiscal están empezando a poner las cosas en su lugar, aunque nos cueste sangre, sudor y lágrimas salir del pozo inmundo en el que nos dejaron los K.
¿Ustedes también heredaron esa cultura del trabajo honesto o prefieren seguir llorando por un plan platita insostenible?