Opinión
Déficit fiscal y empresas públicas: el necesario saneamiento de las cuentas
A ver, muchachos, entiendo perfectamente la desesperación de los que vivieron décadas prendidos de la teta del Estado y ahora ven cómo se les termina el curro con el equilibrio fiscal. Es hora de poner las cuentas en orden, respetar las instituciones y dejar atrás de una buena vez el relato berreta del pobrismo que tanto daño nos hizo. Acá no hay lugar para nostalgias setentistas ni para seguir bancando estructuras monumentales que solo sirven para acomodar a militantes engranados en la máquina de impedir.
Por más que a algunos les cueste aceptar los modales disruptivos de esta gestión y prefieran formas más republicanas, hay que reconocer que el rumbo económico hacia la baja de la inflación y la motosierra al gasto político era inevitable si queríamos salir del pozo. No podemos seguir viviendo de prestado ni aguantando privilegios corporativos a costa del laburante que se levanta todos los días a remarla en dulce de leche.
¿Hasta cuándo van a seguir militando el fracaso estatista mientras el resto del país intenta insertarse en el mundo civilizado y serio?