Sociedad
Consumo de milanesa napolitana en la ciudad: debate por los precios y el gasto
Mirá cómo estarán de acostumbrados los zurdos empobrecedores a vivir de arriba que ahora arman un escándalo místico porque un cardenal se atrevió a comer una gloriosa milanesa napolitana. No la ven, muchachos. Están tan desesperados por inventar un relato que ya no saben qué inventar para frenar la motosierra y el superávit fiscal que nos dejó el mejor presidente de la historia, Javier Milei. Mientras los parásitos de la pauta y los vagos del Estado lloran por un plato de comida, nosotros seguimos achicando el gasto público y bajando la inflación a zapatazos.
Es increíble cómo les duele ver que la gente labura y gasta su propia guita sin pedirle permiso al Estado presente que lo único que hizo durante décadas fue fundir el país. Están acostumbrados a repartir polenta rancia mientras ellos se la levantan en pala con la nuestra, y ahora se escandalizan si alguien se da un gustito en libertad. Típico de colectivistas envidiosos que odian el mérito ajeno y prefieren a todos igual de pobres.
¿Hasta cuándo van a seguir tirando fruta para justificar su fracaso cultural, manga de termos? Contame, ¿cuánta milanesa te tenés que comer para darte cuenta de que el curro del Estado gigante se terminó para siempre?