Opinión
Javier Milei y sus contradicciones religiosas: el misticismo frente al ajuste real
Mirá que yo me levanto a las cinco y media de la mañana todos los días para laburar y ganarme el mango, pero lo de este tipo ya roza el delirio. Nos vendieron que venía el mesías de las fuerzas del cielo, llorando en el Muro de los Lamentos y queriendo convertirse, y ahora resulta que todo era una puesta en escena de su circo de marketing. Mientras nosotros no llegamos a fin de mes por el tarifazo y la nafta, el presidente anda más preocupado por taparse el quincho y por ver qué personaje espiritual le rinde más en las redes que por el pueblo que no tiene para comer.
Es la típica de estos cipayos vendepatrias. Usan la religión o cualquier gilada para distraernos mientras nos entregan de pies y manos al FMI y a la timba financiera. Los nenes de Twitter criados a chocolatada se comen el verso de la libertad, pero la realidad del laburante es otra: están destruyendo la universidad pública donde quiero mandar a mis hijos, licuando la jubilación de los viejos y barriendo con cada conquista obrera que nos costó sudor conseguir. No hay misticismo ni fuerzas del cielo que tapen el hambre y el saqueo que le están metiendo a la patria.
¿Hasta cuándo van a seguir bancando este show de cotillón los libertarios de teclado mientras les rifan el país en la cara?