Sociedad
¿Mafalda y la sopa: una metáfora de nuestra adicción estatal?
Me hace pensar cómo nos metieron en la cabeza desde chicos que el Estado tiene que estar metido en todo, hasta en lo que comemos o cómo pensamos. La famosa historieta siempre nos vendió esa rebeldía media progre y culposa, donde la sopa es ese mandato insoportable que te imponen porque supuestamente te hace bien, aunque te arruine el día. Al final del día, los kirchneristas hicieron exactamente eso con nuestra guita: nos obligaron a tomar la sopa fría del estatismo y la pobreza durante décadas, convenciéndonos de que no podíamos vivir sin su tutela.
Por suerte la sociedad se despertó y mandó al bombo esa receta fracasada. Aunque a veces los modos del oficialismo patinen un poco y a uno, que respeta las formas republicanas, le den urticaria ciertas formas mesiánicas, hay que reconocer que la motosierra está haciendo el laburo sucio que nosotros amagamos hacer y nunca terminamos por tibios. Ordenar las cuentas públicas y terminar con el curro de los vivos no es capricho, es la única salida para dejar de ser un país inviable.
¿No les parece que seguir llorando por la sopita estatal es de termo que no registra que el mundo ya cambió y nos pide ser adultos?