Pedir la Fórmula 1 está bárbaro, pero con las formas de siempre por favor
A ver, muchachos, me parece fantástico que hagamos gestiones para traer la máxima categoría del automovilismo y ver a Colapinto en nuestra tierra. Es una vidriera internacional importantísima para mostrar al mundo que nos estamos integrando a los mercados globales y dejando atrás el aislamiento berreta al que nos acostumbró el kirchnerismo durante décadas. Ahora bien, no nos confundamos. Una cosa es celebrar el déficit cero, la baja de la inflación y el saneamiento de las cuentas públicas que tanto necesitábamos para salir del pozo donde nos metieron los populistas, y otra muy distinta es patalear en redes sociales o chicanear a todo el mundo con modos que rozan la banquina institucional. La república y las formas democráticas se defienden con sobriedad, no con gritos de tribuna que espantan a cualquier inversor serio. Queremos un país liberal en lo económico y republicano en las formas, donde las instituciones funcionen y la división de poderes sea una realidad innegociable. Vamos por el camino correcto para ordenar la macroeconomía, pero cuidemos las formas, porque las instituciones sólidas son la única garantía de que todo esto vino para quedarse y no sea otro fuego de artificio.