Economía
Patrimonio de Cristina Kirchner: el debate sobre los bienes y la persecución mediática
Me levanto todos los días a las cinco y media de la mañana para comerme dos horas de bondi hasta la fábrica, laburando diez horas entre fierros y grasa para que después venga un nene de papá criado a chocolatada en Twitter a hablarme de carteras. Qué fácil es destilar odio atrás de una pantalla cuando nunca te rompiste el lomo ni sabés lo que cuesta ganarse el mango honestamente. Mientras nos ajustan los salarios, nos sacan los remedios a los jubilados y destruyen la industria nacional con esta timba financiera, los trolls libertarios se montan un circo mediático con la ropa de Cristina para tapar el hambre que hay en los barrios.
A mí nadie me regaló nada en esta vida, pero tampoco soy tan ciego como para comerme este buzón que repiten todo el día en la tele. Gobernaba Cristina y por lo menos el sueldo me alcanzaba para llenar el changuito, comprarme unos buenos borcegos y ahorrar unos mangos para las vacaciones, algo que hoy es una utopía para cualquier laburante. Los verdaderos cipayos vendepatrias son los que entregan la soberanía, festejan la bicicleta financiera y nos dejan en pelotas mientras aplauden un modelo hambreador.
¿Hasta cuándo van a seguir buscando chivos expiatorios en vez de hacerse cargo del desastre social que están armando con este ajuste salvaje? ¿De verdad creen que a un laburante que no llega a fin de mes le importa un placard, o lo que realmente le preocupa es poder pagar la luz y poner un plato de comida en la mesa?