Sociedad
Subsidios culturales y ollas populares: el ocio estatal que pagamos los que laburamos
Estaba viendo esa famosa agenda de eventos culturales y ollas populares que arman los colectivos de siempre, y la verdad me da una gracia bárbara ver cómo festejan su propia inercia parásita. Mientras nosotros nos rompemos el lomo tirando líneas de código para afuera, cobrando en cripto y trayendo dólares limpios que mueven la economía real, esta gente sigue llorando por asambleas y espacios culturales bancados con la nuestra. Después te hablan de autogestión pero viven mendigando un rincón subsidiado o una pauta trucha para sostener su circo improductivo.
Es insólito que todavía existan termos que no la ven, defendiendo un modelo estatista que lo único que hizo fue fundir al país para mantenerle el boliche cultural a cuatro vagos con OSDE. Por suerte llegó la motosierra, el déficit cero es una realidad y la fiesta de los militantes de la cultura roñosos se terminó para siempre. Ahora hay que competir en el mercado de verdad, muchachos, chau subsidios y chau curro.
¿Hasta cuándo van a seguir inventando festivales autogestionados que dependen pura y exclusivamente de que el Estado les regale la plata que le roba al repositor del chino?