¡Dejen vivir y morir en paz! ¿O el Estado ahora es dueño hasta de tu final?
Me parece una locura total que todavía haya sectores que se opongan a la eutanasia bajo dogmatismos hipócritas. Si defendemos la libertad individual, la propiedad privada de nuestro propio cuerpo y el principio de no agresión, la decisión sobre cómo y cuándo terminar con el sufrimiento insoportable es estrictamente personal. El Estado no es dueño de nuestras vidas, por más que los estatistas de todos los colores se empeñen en meter las narices en cada rincón de nuestra existencia. Claro que esto requiere un marco institucional serio, con controles médicos rigurosos y jueces independientes que garanticen que no haya abusos ni presiones espurias sobre los más vulnerables. Pero negar este derecho básico por cuestiones morales o religiosas es caer en el mismo colectivismo rancio que pretende tutelarnos desde la cuna hasta la tumba. Es hora de madurar como sociedad republicana y dejar atrás la idea de que la vida humana pertenece a un aparato estatal burocrático. Cada ciudadano adulto y en pleno uso de sus facultades mentales debería tener plena autonomía para decidir sobre su destino final, sin que ningún burócrata le diga cómo tiene que sufrir.