Sociedad
Convivencia vecinal y privilegios: el testimonio que expone la casta
A mí me da cierta vergüenza ajena ver cómo algunos todavía defienden los privilegios feudales de la señora de Recoleta, que se cree dueña de la calle mientras el resto de los vecinos tiene que fumarse los cortes y el operativo de seguridad pagado con la nuestra. Más allá de las formas tribuneras que a veces tiene el oficialismo y que uno como republicano no comparte, hay que reconocer que ponerle fin a estos aguantaderos de la casta era una urgencia nacional ineludible.
Durante décadas nos vendieron un relato de humildad mientras vivían como monarcas a costa del esfuerzo de los que laburamos todos los santos días. Por suerte la sociedad se despertó, le soltó la mano a los parásitos del Estado y hoy estamos barriendo con toda esa runfla de una vez por todas. ¿O me van a decir que mantenerle los honores y la custodia a una procesada por corrupción es defender las instituciones?
La República se hace cumpliendo la ley y tratándonos a todos por igual, sin fueros eternos ni castas intocables que se creen por encima del ciudadano común. ¿Hasta cuándo van a seguir justificando estos privilegios feudales en nombre de un supuesto modelo nacional y popular?