Economía
Convivencia urbana y privilegios: el peso simbólico de los símbolos K
Hay que tener un estómago de acero para bancarse los piquetes, los cortes de calle y la patota K en la puerta de tu propia casa, encima teniendo que convivir con el fantasma de la impunidad a dos metros. Durante añse nos hicieron creer que el espacio público era de ellos, que te podían copar el barrio entero con custodia pagada por todos los laburantes mientras nos fundían a impuestos.
Por suerte la Argentina cambió y se les terminó la impunidad institucional, por más que todavía queden algunos nostálgicos del choreo que se niegan a soltar la teta del Estado. La república y el orden democrático se defienden respetando al vecino, no transformando un barrio residencial en un aguantadero militante. ¿Cuánto tiempo más van a seguir llorando los privilegios perdidos en lugar de hacerse cargo del desastre que dejaron?