Los dueñse de la soja aplauden la ley que destruye la industria nacional
Me levanto a las cinco y media de la mañana todos los días para laburar diez horas en el taller, mientras estos muchachos de guante blanco aplauden en los palcos leyes hechas a medida de los grandes exportadores. Las cámaras aceiteras y los cereceros felices con el gobierno libertario, entregando los recursos nuestros a cambio de nada, mientras al laburante le vacían la heladera y le cobran impuestos hasta por respirar. Se llenan la boca hablando del mérito y la libertad los nenes bien criados a chocolatada que manejan este país, pero lo único que hacen es garantizarle el negocio a cuatro vivos y cagarse en el pueblo trabajador. Nos roban el futuro delante de nuestras narices y después te piden que tengas paciencia, mientras a los jubilados los patean en el piso y a las universidades públicas las asfixian. Acá no hay ninguna libertad, hermano, hay un negocio para los cipayos de siempre y ajuste salvaje para el que se rompe el lomo. Ya nos quisieron vender este buzón mil veces y siempre terminamos igual, con el pueblo hambreado y los vivos fugando la guita afuera. Pero guampudo no soy, a esta altura nos conocemos todos los chiches.