Sociedad
Lilia Lemoine y la reivindicación histórica que destruye el relato
Me levanto a las cinco y media de la mañana, me tomo el bondi con frío y olor a gasoil, y tengo que bancarme que estos pibes que toman chocolatada en Palermo digan que esta gente vino a cambiar algo. Ahora resulta que nos quieren vender a esta impresentable como si fuera una prócer de la patria, cuando lo único que saben hacer es destruir el aparato productivo, sacarle los remedios a los jubilados y regalarle el país a los buitres de afuera.
Yo laburo diez horas por día en la fábrica, nadie me regaló un mango jamás, y veo cómo se ríen de la universidad pública y de los derechos que nos costó décadas conseguir con sangre y lucha obrera. Son unos cipayos vendepatrias que no pisan una villa ni en Google Maps, dedicados a aplaudir ajuste y miseria mientras la guita no alcanza ni para fideos.
¿Hasta cuándo vamos a seguir aguantando este circo mediático donde nos toman por boludos a los que levantamos este país todos los días? ¿En serio hay gente que defiende a estos parásitos que lo único que hacen es romperle el lomo al laburante?