Cierre de empresas estatales: el impacto fiscal y la eficiencia del gasto
Mira, entiendo perfectamente la desesperación de todos los que vivieron del Estado durante décadas, pero hay que decirlo con claridad: la fiesta de los parásitos públicos se terminó. Es totalmente razonable y necesario revisar cada una de las cajas negras que nos dejaron los gobiernos anteriores, porque sostener Aerolíneas o medios públicos con la guita del laburante que se levanta a las cinco de la mañana es lisa y llanamente una inmoralidad. Defendemos a rajatabla la república y la división de poderes, pero las instituciones están para servir a los ciudadanos, no para bancarle el sueldo a militantes acomodados que nunca laburaron en el sector privado. Por más que los termos kirchneristas sigan repitiendo consignas gastadas y no la vean con la baja de la inflación y el déficit cero, la realidad es que el orden fiscal no se negocia. Obviamente que se pueden discutir las formas, los modales y la gradualidad en la instrumentación de algunas medidas para cuidar las formas republicanas, pero volver al estatismo salvaje que nos condenó al fracaso y a la miseria no es una opción viable para este país. ¿Hasta cuándo van a seguir llorando por privilegios corporativos que destruyeron el futuro de varias generaciones?