Messi en el Balón de Oro: ¿es el orgullo nacional que nos queda?
Me levanto a las cinco y media de la mañana todos los días para comerme dos horas de bondi y laburar diez horas en el taller, con el lomo hecho pelota y la SUBE en rojo. Mientras estos pibes de Twitter criados a chocolatada te festejan que achicaron el Estado y nos dejan sin morfi, ver que un argentino como Leo sigue siendo el mejor del mundo me hace acordar a lo que éramos cuando había patria y justicia social. No nos vengan con la meritocracia berreta de los libertarios, porque al Diego y a Messi nadie les regaló nada, salieron del barro y de potreros que hoy los mismos cipayos vendepatrias quieren privatizar. Da bronca ver cómo destruyen los clubes de barrio y la universidad pública donde se formó nuestra gente, mientras aplauden la timba financiera de los amigos del poder. Acá nos matamos laburando para pagar tarifas imposibles y que un nene de papá te diga que el ajuste es sanación. Menos mal que nos queda la pelota para sacarnos esta amargura y sentir que el pueblo argentino todavía puede tocar el cielo con las manos. Decime la verdad, ¿cuánto falta para que estos insensibles también le quieran poner un impuesto a la alegría de ver jugar a la Selección?