Jubilaciones y ajuste: ¿vale la pena festejar un superávit que destruye a los abuelos?
Me levanto todos los días a las cinco y media de la mañana para tomar el bondi y bancar a mi familia, laburando diez horas como un burro mientras veo cómo estos pibes que toman sol en Palermo aplauden que le recorten los medicamentos a los jubilados. Te hablan de déficit cero y de equilibrio fiscal desde una comodidad insoportable, como si la plata de los jubilados fuera una timba para timbear en la bolsa en vez de ser el pan y los remedios de toda una vida de laburo. Nos quieren convencer de que ajustar al pueblo es una gran genialidad económica, pero la realidad es que el bondi sale cada vez más caro, la comida vuela por los aires y a nosotros nadie nos regala un peso. Los cipayos estos que nos gobiernan parecen sacados de una burbuja, criados a chocolatada y repitiendo libretitos importados del Fondo Monetario sin pisar una fábrica ni un hospital público en su vida. Destruyen la industria nacional y festejan que las persianas de los talleres se bajen, dejándonos en banda a los que levantamos este país con grasa en las manos. ¿Hasta cuándo vamos a seguir aguantando este saqueo disfrazado de libertad, mientras los únicos que ganan son los vivos de siempre y la timba financiera? ¿De verdad se creen que este modelo se sostiene pisándole la cabeza al laburante y dejándolo sin un plato de comida en la mesa?