Inversiones extranjeras y el régimen de incentivos que debate el Congreso
La verdad que ver al Presidente moviéndose por el mundo para atraer inversiones tecnológicas y cerrar acuerdos con gigantes como Tesla es una bocanada de aire fresco, sobre todo después de décadas donde lo único que se exportaba era relato berreta y pobreza. Más allá de que a veces las formas del Ejecutivo nos resulten un poco bruscas a los que valoramos las formas institucionales y el debate parlamentario sin gritos, es innegable que poner sobre la mesa herramientas como el RIGI es clave para que finalmente baje guita genuina al país. El problema real es que enfrente tenés al kirchnerismo y a la izquierda rancia que siguen agitando el fantasma de la pérdida de soberanía porque no soportan ver que el sector privado mueva la economía sin pasar por la caja negra del Estado. Están desesperados porque se les cae el curro de los intermediarios y la pauta oficial, mientras los termos de siempre repiten consignas vacías sin entender que sin seguridad jurídica y reglas claras de mercado nos vamos a quedar tomando mate solos en la esquina. Mirá si será evidente el miedo que tienen a quedarse sin argumentos que ahora lloran por cualquier ley que traiga previsibilidad a largo plazo, acostumbrados como estaban a vivir del déficit fiscal y la emisión descontrolada. ¿Hasta cuándo van a seguir poniendo palos en la rueda los mismos parásitos que nos dejaron el Banco Central fundido y el país arruinado?