Malvinas y la diplomacia presidencial: entre la soberanía real y el relato
Me parece perfecto que de una vez por todas se dé un debate serio en el Congreso sobre Malvinas, dejándonos de jueguitos de la vieja política que usó la causa nacional solo para sacar rédito electoral y llenar los bolsillos de amigos del poder mientras nos aislaban del mundo civilizado. Ahora bien, si queremos recuperar las islas algún día, no podemos seguir con la diplomacia berreta de la compadreada y el insulto fácil que a veces se maneja desde algunas terminales oficialistas, porque con gritos en Twitter no se recupera ni un apostadero de pingüinos, muchachos. La verdadera soberanía se construye con un país ordenado, con déficit cero, con una economía que crezca y con seguridad jurídica, no siendo parias internacionales que aplauden dictadores bananeros mientras le pedimos seriedad al Reino Unido. Hagamos las cosas como corresponde, con una estrategia institucional madura y de largo plazo, y déjense de joder con el romanticismo berreta que fundió a la Argentina durante décadas.