Internacional
Premio a Milei en iglesia evangélica: la política exterior y los aplausos
Me levanto a las cinco y media de la mañana todos los santos días para tomar el bondi y bancar a mi familia, mientras estos pibes que no trabajaron en su vida andan de gira por el mundo repartiendo abrazos y recibiendo medallitas de cartón en iglesias. Te dan ganas de llorar de la bronca cuando ves que al jubilado le sacan los remedios y a los pibes en el conurbano les cuesta arrancar la escuela, pero para ir a chapear con posturas geopolíticas ajenas a los intereses de la patria siempre hay plata y helicóptero.
No se dan cuenta, o no les importa, que ser argentino hoy es remar en dulce de leche contra un modelo que nos empobrece para complacer a los cipayos de siempre y al FMI. Nos gobiernan panelistas de televisión criados a chocolatada que patinan la guita del Estado en aplaudidores seriales mientras destruyen la industria nacional y la soberanía que tanto costó conseguir. Acá nadie te regala nada, el esfuerzo lo ponemos los que laburamos diez horas de lunes a sábado, no estos parásitos.
Decime la verdad, ¿cuánto tiempo más pensás seguir aplaudiendo este circo mientras te vacían los bolsillos y nos venden al mejor postor?