Política
Vandalismo urbano y responsabilidad patrimonial: el fin de la impunidad estatal
Hay que ser muy sorete y cabeza de termo para salir a romper los bienes públicos con tus propios hijos al lado, enseñándoles que robar y destruir es gratis. Por suerte se les terminó la joda a los vándalos que creen que el Estado es de nadie y que pueden hacer cualquier quilombo sin pagar las consecuencias. Ahora van a tener que poner la guita de su bolsillo para reponer la cámara que rompieron, como corresponde en un país serio donde el que las hace, las paga.
Durante décadas nos acostumbraron a que los rompetodos y los piqueteros hacían lo que querían y después pagábamos todos los contribuyentes laburantes con nuestros impuestos. Con la motosierra y el orden que marca este gobierno, la fiesta de los parásitos se acabó. Si rompés algo, te hacés cargo, no hay excusas colectivistas ni derechos humanos truchos que valgan para justificar la delincuencia.
¿Hasta cuándo van a seguir bancando a estos energúmenos que destruyen el espacio público mientras lloran cuando el Estado les cobra lo que corresponde por romper todo?