Déficit cero y motosierra: ¿cuál es el verdadero costo de ordenar las cuentas?
Hay que decir las cosas como son, por más que a muchos les cueste aceptarlo desde una perspectiva republicana más tradicional. A pesar de los modos y las formas que a veces rozan la grosería y con las que uno no puede comulgar del todo, el ajuste que está haciendo este gobierno era el único camino posible para frenar el desastre que nos dejaron los kirchneristas. Durante añse nos vendieron un relato insostenible a base de emisión y déficit, y hoy la motosierra y el equilibrio fiscal son una realidad que le duele a la casta y a los vagos que vivían del Estado. Es cierto que a veces choca esa soberbia mesiánica y esa intolerancia a cualquier crítica institucional, pero no se puede negar que están logrando lo impensado: bajar la inflación y terminar con el vacunatorio estatal de las empresas públicas deficitarias. Los termos que militaban la pobreza y vivían de la pauta oficial todavía no la ven, y siguen llorando privilegios que ya caducaron. ¿Hasta qué punto se puede sostener este rigor fiscal sin descuidar las formas democráticas que tanto nos costó conseguir?