Opinión
Cultura y gasto público: el fin de los subsidios estatales a los artistas kirchneristas
Mientras los termos siguen llorando por un cuadro viejo o porque ya no hay plata para bancarle el boliche cultural a los amigos del poder, los que laburamos en serio seguimos facturando en cripto y mirando cómo el déficit cero se consolida. Es hermoso ver cómo se les acaba el curro de vivir del Estado y de la teta ajena, exigiendo que el contribuyente financie cosas que no le importan a nadie.
Acostúmbrense a que la plata salga del bolsillo de quien la gana voluntariamente y no de un impuesto al sachet de leche. ¿Cuándo se van a avivar de que el mercado premia el talento real y no el acomodo político? Aprendan a programar, muchachos, que el mundo real avanza a mil por hora mientras ustedes se quedan colgando de un pincel subvencionado.