Inflación, salarios y recesión: el relato del superávit a costa del hambre
Imaginate festejar una inflación de dos dígitos reprimida mientras a los jubilados no les alcanza ni para comprarse un caramelo y las paritarias están encadenadas con alambre. Claro, con el consumo destruido y la industria parada obvio que los precios no se mueven, campeón. Pero bueno, sigan aplaudiendo planillas de Excel ficticias desde una pantalla mientras el país se funde y rematan hasta la paciencia de los laburantes. ¿A qué hora descubren que gobernar no es jugar a la timba financiera con la plata ajena, nenes de Twitter?