Sociedad
Visita papal y la especulación comercial: el negocio de la fe
Me levanto a las cinco y media de la mañana todos los santos días para ir a remarla en el metrobús y me da una bronca bárbara ver cómo estos vivos ya están pensando en cómo sacarle tajada hasta a la llegada del Papa. A mí nadie me regala nada, pero hay un sector que no importa si viene un líder religioso o si el pueblo se está cagando de hambre con este ajuste salvaje, siempre están buscando la forma de timbear con la necesidad ajena y armar su kiosquito.
Mientras nos empobrecen a los laburantes y a los jubilados con tarifas imposibles y sueldos que no duran ni diez días, los cipayos de siempre festejan cualquier oportunidad para facturar a costillas de la gente de a pie. La solidaridad y la comunidad brillan por su ausencia cuando gobiernan los insensibles que defienden este modelo de miseria, donde todo se compra y todo se vende, incluso la esperanza.
¿Hasta cuándo vamos a seguir tolerando que manoseen todo lo sagrado y lo popular para llenarse los bolsillos los mismos de siempre mientras el pueblo sostiene el país con su esfuerzo?