Opinión
Celulares en las cárceles: el debate por los derechos y la seguridad
Me levanto todos los días a las cinco y media de la mañana para comerme dos horas de bondi y laburar diez horas en la fábrica, mientras veo cómo estos nenes de papá criados a chocolatada y Twitter arman circo con cualquier boludez para tapar el hambre que hay en la calle. Ahora se rasgan las vestiduras y arman terrible opereta judicial porque en su momento se bancó que los pibes adentro tengan un teléfono para comunicarse con la familia y estudiar, como si eso fuera la raíz de todos los males de este país.
Acá nos quieren hacer creer que la culpa de la miseria, la inflación y el ajuste salvaje la tiene un teléfono en un pabellón, cuando los verdaderos cipayos vendepatrias están rematando la patria en la Rosada y dejando a los jubilados sin remedios ni un plato de comida. A mí ningún político me regala nada, pero tengo claro que la saña que le meten a todo lo que tenga olor a derechos humanos o justicia social es pura pantalla para ocultar que nos están fundiendo a todos los que laburamos de verdad. ¿Cuándo se van a dejar de joder con los pbi y los trolls y se van a hacer cargo de que este modelo libertario de mierda nos está dejando en la ruina?