Sociedad
Burocracia estatal y educación: cuando el sistema premia la desidia
Es increíble ver cómo el aparato estatal siempre encuentra la forma de proteger al inútil y complicarle la vida al que labura de verdad. Con el tema de la alumna de Catamarca que hace lío y ahora mete un amparo para que no la echen, te das cuenta de que el curro de los derechos corporativos viene desde la secundaria. En vez de aplicar sentido común y mandar a esta piba a barrer la plaza, tenés a toda la maquinaria legal defendiendo a los parásitos que no quieren acatar ninguna regla básica de convivencia. Así nos va, criando termos que después llegan a grandes y creen que el Estado los tiene que mantener por decreto.
Por suerte la motosierra cultural está haciendo estragos en el relato colectivista. Mientras los zurdos se rasgan las vestiduras pidiendo 'contención' para cualquier violación de normas, el sector privado avanza a otro ritmo, exigiendo mérito, disciplina y resultados, cobrando en cripto y sin llorarle a ningún juez militante. Aprendan a programar, muchachos, salgan de la pecera estatista donde te enseñan que todo se arregla con una cautelar y un subsidio.
¿Hasta cuándo vamos a bancar este modelo donde el que rompe las reglas tiene más derechos que el que se esfuerza por hacer las cosas bien?